Rutas de Lima en bici: La Laguna de La Molina (en piñón fijo)

Hoy traigo un post diferente, un post que me gusta escribir de cuando en cuando y contarte una experiencia directa de cómo es ir a diferentes lugares con bicicleta.

 

Hoy quiero contarte mi experiencia yendo a La Laguna en el distrito de La Molina. Una ruta que hice con amigos en el mes de enero, cuando las restricciones de cuarentena se habían flexibilizado un poco (ojo, igual siempre con los cuidados y protocolos porque la pandemia sigue).

 

La Molina

La Molina es un distrito al noreste de Lima Metropolitana, es un distrito alejado y de difícil acceso a algunos lugares si no se tiene transporte privado. El transporte público no llega a algunas zonas (hasta donde sé y pude ver), y además es un distrito con alto tráfico vehicular. Es casi como si fuera un mundo aparte.

 

La Ruta

Mis amigos y yo emprendimos ruta un domingo alrededor de las 8 u 8:30 am. Nos encontramos en un sitio muy popular para los ciclistas, en la av Arequipa, que los domingos suelen cerrar para hacer una ciclovía recreativa.

52 cuadras destinadas al disfrute de las personas (al menos por unas cuantas semanas antes de que nos volvieran a encerrar gracias al covid).

 

Empezamos el recorrido en la av Arequipa y fuimos subiendo por la av Canadá hasta la av San Luis para luego tomar la av Javier Prado hasta la av La Molina, donde ahí sí fuimos dando tumbos porque nadie conocía la ruta exacta, y al parecer, a nadie se le ocurrió usar el google maps.

 

Ruta de Strava

 

Luego de varias paradas y algunas perdidas llegamos a tal lugar, al cual primera vez que iba. 

 

La ruta no fue tan difícil, hasta que entramos al distrito de La Molina que tiene subidas muy empinadas y para alguien que usa piñón fijo, como yo, puede tornarse complicado. Pero se logró y eso es lo importante. Nada se compara a la satisfacción de llegar a un destino en bicicleta.

 

El regreso

Luego del respectivo descanso, comerse un helado, tomarse fotos para las redes sociales y demás, emprendimos rumbo de regreso.

 

Gracias a las paradas técnicas que se tuvo que hacer porque a algunas personas se les malogró la bicicleta, ya para el regreso el hambre apremiaba y el cansancio se iba notando, además que fue un día soleado de verano.

 

Al regreso lo único en que se piensa es en llegar a comer y descansar, reponer energía para lo que resta o toca del día o para empezar con fuerza la nueva semana que se tiene por delante. El regreso es casi una prueba psicológica para medir hasta dónde puede llegar tu mente y tu cuerpo, el objetivo siempre es terminar el recorrido en bicicleta, cerrar el círculo del camino… pero, claro, cuando no se logra, no tiene nada de malo tomar un bus o un taxi porque peor sería que te quedes a medio camino.

 

Felizmente este no fue el caso, se terminó el recorrido con la alegría de haber hecho una ruta que yo considero larga en bicicleta, de haberme visto con amigos ciclistas que no veía hace muchísimo tiempo y de saber que mis pulmones están en buenas condiciones para soportar un camino así.

 

Hasta una próxima ruta.

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