Me atropellaron

En el post anterior, te comenté sobre qué hacer si te atropellan cuando vas en bici explicando el papeleo post-accidente que debes hacer para recibir una indemnización.

Como ese artículo quedó algo largo, no quise ponerle más tedio contándote mi experiencia, pero acá te la cuento…

 

Me atropellaron justo el día “sin auto”. El 22 de setiembre de todos los años se celebra el día sin auto y se supone que es un día en que no se debe usar auto para desplazarse y así disminuir las emisiones de CO2 que se emiten cada día. Obviamente, esto nunca se da, la gente sigue sacando sus autos particulares para hacer sus quehaceres, lo buses siguen igual, así que aún no funciona en nuestra ciudad. Sin embargo, hay quienes sí lo celebramos y esperamos ser cada vez más en los próximos años.

Había quedado con dos amigos del trabajo en ir ese día en bici, nos encontramos en un punto por el camino y luego seguimos juntos hasta la oficina y lo mismo de regreso en la noche.

Sucedió en la noche, al regreso de la oficina, me despedí de mis amigos en un punto del camino y unos metros después sucedió… Un patrullero de policía entró en contra por una calle nada iluminada que intercepta la av. Javier Prado, sin luces prendidas (por dentro y por fuera), sin sirena, sin ningún aviso previo. Se metió intempestivamente alegando que estaban en una persecución… De haber sido así, ¿por qué no tenía ninguna luz prendida? Todos los patrulleros que he visto, siempre tienen sus luces o sus sirenas encendidas, especialmente cuando deben ir a gran velocidad por algún motivo.

Pese a lo intempestivo del momento, logré frenar aunque no tan a tiempo, igual me impactó pero en mucho menor medida de si no hubiese reaccionado. Ahí sí hubiese sido terrible.

Me chocaron la llanta de adelante que me hizo perder el equilibrio, caí de costado, pero caí bien, no caí del todo, como tenía guantes puestos no me hice ningún rasguño en las manos, pero una de mis piernas sufrió una herida… Leve felizmente. Me levanté casi al instante y lo primero que atiné a hacer es a insultarlos por su falta de civismo (y sí, este hecho terminó con mi respeto hacia la policía que ya estaba perdiendo valor para mí), atrás había otro auto que también casi es chocado por el patrullero, se quedó detenido un rato insultándolos también y diciendo que se encarguen de mí. Por suerte no sufrí nada grave, más que el dolor de la pierna y el susto, no me había pasado nada más. Mi bici, por otro lado, sí sufrió bastante, los frenos estaban incrustados en la llanta, los rayos de la llanta delantera estaban doblados al igual que el timón.

Los policías se bajaron de la camioneta y como me vieron levantarme “como si nada”, lo único que hicieron fue ir a levantar la bicicleta y dármela, hasta ese momento no vi su estado, entonces les increpé, yo aún estaba lejos de casa por lo cual para volver tendría que tomar un taxi. Para entonces ya habían pasado varios minutos y el dolor de mi pierna se incrementó, pedí que me llevaran a una clínica porque no era consciente de cómo estaba yo, la adrenalina, el miedo, las ganas de ser fuerte a veces te puede jugar en contra porque te hace pensar/sentir que todo está bien.

Me llevaron a la clínica, me atendieron, me pusieron una inyección para evitar que la rodilla se hinchara (que me dolió más que el golpe en sí, lo juro), me tomaron placas y me quedé bajo observación porque en un momento se me bajó la presión y estaba haciendo una crisis de hipotermia… Al parecer ya mi cuerpo fue consciente de lo que había pasado y reaccionó ante esta mala situación. En todo este proceso, mandé un tweet a Cicloaxión, quienes me escribieron casi al instante, me preguntaron cómo estaba y dónde estaba, si tenía compañía… Y en un momento se acercó Octavio a la clínica para acompañarme y a ver la bici también (sobre todo para eso último… ¡Grande Octavio!). También logré contactarme con mi familia, quienes también fueron después porque sí iba a necesitar ayuda para volver, estaba con mucho dolor. Lo cual es curioso, pero como me explicó el médico, ante un hecho traumático el cuerpo tiende a ponerse duro como mecanismo de defensa, pero cuando ya pasa todo el evento, el cuerpo “se relaja” y empiezas a sentir realmente todo lo que el cuerpo ha experimentado… Ese dolor y esa pesadez del cuerpo me duró hasta el día siguiente, y el dolor de la inyección me duró muchísimo más (no exagero).

Dicho sea de paso, ya cuando el médico dijo que me podía ir, se me acercaron como 4 policías preguntándome si pondría denuncia, a lo cual dije que sí (porque es lo que corresponde). Me llevaron a la comisaría, a mí, a mis padres y a mi bici. En la comisaría se me acercaban varios policías tratando de persuadirme de que no lo hiciera hasta que salió el coronel, comandante o no sé cómo se les llama al que tiene el cargo más alto en una comisaría, se me acercó y con una especie de amistad encubierta me dijo que él aceptaba y respetaba mi decisión y me preguntó por enésima vez si pondría la denuncia. Volví a contestar que sí. Me empezó a decir el procedimiento: un examen de alcoholemia a mí y al chofer de la unidad que yo tendría que pagar, como ellos no tenían para hacer ese examen, tenían que trasladarme a una comisaría al otro lado de la ciudad para hacerlo, esperar que venga un abogado para que tome las declaraciones de ambos y esperar la redacción oficial del mismo… Para todo esto, ya era pasada la media noche… Luego de toda esa explicación, el cansancio y el dolor que sentía, las “recomendaciones” de mis padres de que no hiciera la denuncia, terminé desistiendo. Creo que nunca me había sentido tan sola en toda mi vida, sentía que tenía que hacer lo correcto, que estaba haciendo lo correcto y que nadie me apoyaba. Terminó ganando esa impunidad que tanto afecta a nuestro país.

Así que terminé firmando una conciliación en la cual se narraban los hechos, pero estipulaba que desistía de hacer la denuncia ese día y que no podría tomar acciones legales a futuro. Todo muy “friendly”. No me quedó más. Me retiré. Seguí atendiéndome en la clínica hasta que el médico me dio el alta, todo ello pagado por el SOAT, todo el malestar físico me duró una semana, pero el dolor emocional no te lo quita nadie más que el tiempo. Ah, y claro, el policía que me atropelló pagó la reparación de mi bicicleta, era lo mínimo que podía hacer, ¿no?

Fue mi cuñado quien me dijo que podía pedir una indemnización y que preguntara en la clínica que me atendía. Así que eso hice.

 

Y, bueno, esta fue mi experiencia de atropello, realmente no se lo deseo a nadie. En mi caso resultó todo bien, felizmente no fue nada grave, pero conozco casos en los que ha resultado fatal… En ese sentido, hay mucho por hacer.

El 22 de febrero empezó el Foro Mundial de La Bicicleta con muy buenas propuestas por parte de los colectivos, hasta ahora sólo veo que se ha sumado la Municipalidad de San Borja. Esperemos que se sumen más autoridades para tener una ciudad más amigable con la gente.

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