La felicidad viaja en bicicleta

“I’m in love” veo en la publicación de Instagram de JP donde muestra su bicicleta recién adquirida a recomendación mía.

Sabía que hace tiempo estaba buscando una. Sus tramos diarios son tan cortos que le dije que todo eso lo podría hacer en bicicleta, convencido se dispuso a buscar una… No encontraba una que colme sus expectativas, hasta que vi la publicación de un chico que vendía la suya a un muy buen precio, sin pensarlo le avisé a JP y se puso en contacto con el vendedor. Al día siguiente recibo una llamada diciéndome que ya la tenía y que le había encantado y que me agradecía por pasarle el dato. Se le escuchaba contento, se le veía feliz. Misión cumplida.

“I’m in love” es probablemente la mejor frase para explicar un sentimiento muy profundo; que en este caso es el amor por la bicicleta y cómo este objeto puede dotarnos de felicidad, ese estado de plenitud, muchas veces efímero, pero que se puede encontrar en cada pedaleada.

Si eres de los míos, sabrás de lo que hablo. La felicidad que da pasar por en medio de los carros atorados en el tráfico en plena hora punta, la felicidad que da ir a un lugar sin tener que esperar un bus que probablemente llegue lleno, la felicidad que da el no tener que lidiar con los choferes o cobradores del transporte público, porque no mintamos, por lo menos una vez en la vida hemos tenido problemas con ellos, porque no son educados, porque nos quieren cobrar de más o no nos dejan en el paradero solicitado. Todo eso puede ser evitado gracias a la movilidad en bicicleta. Eso sí, igual tendremos que lidiar con los choferes que nos ven como estorbo; pero aun así nadie nos quita la sonrisa de la cara. 😉

Yo misma experimenté esa felicidad cuando decidí ir en bicicleta al trabajo allá por el 2014. El inicio de año del 2014 fue un hito en mi vida, ese inicio de año decidí que mi vida iba a cambiar, hubo un evento en mi vida que despertó algo en mí y decidí que cada año intentaría hacer algo nuevo. Yo ya tenía una bicicleta, una montañera marca Monark que usaba para ir al colegio, la tenía en casa medio abandonada, la usaba sólo para salir los fines de semana a pasear, pero que en verdad estaba en mal estado, necesitaba algunos cambios pero en ese momento no quise invertir, además que ya no me gustaba tanto. Decidí entonces comprarme una nueva; vi muchos tipos de bicicleta y me llamó la atención las bicis de paseo, esas con estilo vintage y canastita delante. Encontré una buena oferta y compré una, que me resultó un dolor de cabeza… El primer día que la usé, se reventó la llanta trasera, tuve que regresar a casa a guardarla e irme en bus al trabajo, esperé el fin de semana para llevarla al técnico y le cambié la llanta (sí, a una bicicleta supuestamente nueva). La tienda online donde la compré no quiso hacerse cargo y pues tocó acostumbrarme a la bicicleta y hacerle los cambios necesarios, poco tiempo después se reventó la llanta delantera y también tuve que cambiarla. Ahí aprendí que tienes que ver la bicicleta antes de comprar, probarla y no confiar ni siquiera en una tienda, dura lección pero aprendida. También me ayudó a investigar y averiguar sobre mantenimiento de bicicletas, al menos para lo básico, porque sí prefiero ir a un experto y ya tengo un bicicletero de confianza.

Volviendo a la historia, realmente estaba cansada de ir en bus al trabajo, toda aplastada, lidiando con los malos olores de algunas personas y con el mal humor de los cobradores. Llegaba al trabajo estresada y empezar el día así no se lo recomiendo a nadie. Así que con la bici óptima para usar, decidí aventurarme, vi la ruta que tomaría por google maps y salí. El primer día fue fatal; si eres una persona perezosa como yo que poco o nada de ejercicio hace (hacía), ir en bicicleta con una ruta más o menos larga te va a costar bastante; llegué como nadie quiere llegar (y que por eso nadie se anima a usar bici), llegué sudada, cansada y con dolor de piernas… Pero yo estaba convencida, había llevado ropa adicional para cambiarme en el trabajo, y pasó algo que me gustó: Llegué temprano al trabajo y llegué feliz.

A pesar del arduo esfuerzo de un primer día, hice lo mismo el siguiente y luego el siguiente y el siguiente y no paré más. Cada día que pasaba me era más sencillo hacer la ruta, me costaba menos, sudaba menos, ya no había dolor de piernas y me sentía más feliz. Lo mejor era que me ahorraba bastante tiempo, en bus demoraba una hora y quince minutos (a veces más, a veces menos) hacia el trabajo, no podía controlar el tiempo, incluso saliendo a la misma hora, mi hora de llegada era impredecible, en bicicleta demoraba siempre 45 minutos, yendo a una velocidad moderada, ni muy rápido ni muy lento. Además del ahorro en dinero, en bus gastaba 4 soles diarios (ida y vuelta), en bicicleta era gasto cero, por lo cual luego de un tiempo ya había recuperado lo invertido en la bicicleta. Nada mal.

La bicicleta me trajo muchos beneficios: me trajo salud a nivel cardiovascular, por más que comiera mal muchas veces, mi peso se mantenía intacto y sí, como ya he dicho, y repito… encontré felicidad en la bicicleta.

¿Te gustó lo que leíste?

Suscríbete a la lista de correo para recibir más novedades y seguir en contacto. Además te enviaré un regalo. 🙂

Invalid email address

2 respuestas a “La felicidad viaja en bicicleta”

  1. Excelente. ¡Sigue pedaleando! 😀

  2. Buena historia flaca, y comparto todo lo leido, pues si se lo que es sentir todo eso pues lo vivi en carne propia a principios del 2017.

Deja un comentario