Día sin auto

El 22 de setiembre de todos los años se celebra el día sin auto, el cual busca desincentivar el uso del auto particular para darle pase a otros medios como el transporte público, las motos y las bicicletas. Y con ello, a su vez, se busca reducir las emisiones de carbono que tanto nos afecta gracias al creciente uso del sistema de transporte motorizado.

 

Este año cayó sábado, por lo cual era casi seguro que hubiese menos carros en la calle… ¿no? Pues no fue así, el sábado fue tal cual un lunes. Ese día tenía que dirigirme hacia La Molina, distrito a 15-17 km de distancia del mío aproximadamente. Fui en bus. El tráfico era exactamente el mismo que cualquier día de semana, ¿y saben quién fue el culpable?

Sí, el auto particular, los congestionados carriles estaban llenos de autos que transportaban una o dos personas. Tremenda máquina para tan poquita gente.

Realmente entiendo a las personas que prefieren ir en su auto a todos lados (y más si la distancia lo justifica o si tienen familia con hijos pequeños), el transporte público es tan deficiente que lo único que motiva a usarlo es, quizá, el módico precio o lo usamos porque no tenemos auto. Son pocos los buses que están en buenas condiciones, al menos los buses de los corredores de la municipalidad parecen estar en condiciones más adecuadas que el resto de transporte público. La desventaja es que estos buses no están interconectados y no llevan a todas partes de la ciudad. Y ni qué decir del transporte público “normal”, quién elegiría conscientemente ir en un bus maloliente, con un cobrador que grita y silba a diestra y siniestra, y con un chofer que se cree meteoro o que no aprendió siquiera a usar correctamente el embrague. Ir en bus es una tortura y quien diga lo contrario, se está engañando a sí mismo. Pero a quienes no nos queda de otra. En mi caso admito que si tuviese un auto y tuviera que ir a una distancia larga, usaría mi auto. Iría tranquila, sentada en mi asiento, en un auto ordenado, mi música y unos cuantos snacks… Sí, me comería todo el tráfico y los posibles insultos de otros choferes, pero no me importaría, estaría dentro de mi burbuja.

 

Así que el día sin auto de este año fue, una vez más, un fracaso.

 

¿Entonces cuál es la solución?

Como ya he dicho antes, es bastante simple: arreglar el transporte público. Qué digo arreglarlo, de verdad hacer una reforma. Merecemos un transporte de calidad, pagar un precio justo por él, que nos lleve a nuestro destino sin preocuparnos de que nos pueden bajar de la unidad si hay operativo policial (como me pasó hace poco). Merecemos ir en un bus en buenas condiciones, con un chofer que respete las normas de tránsito y respete los paraderos y un largo etc.

Si tuviéramos un mejor transporte público muchos dejarían su auto en casa para hacer sus actividades cotidianas.

 

¿Y cuál es el problema entonces? ¿Por qué no arreglan el transporte si es una simple solución?

La respuesta también es simple: la corrupción. Pero tiene un mecanismo y un trasfondo muy complejo. Lamentablemente hasta ahora las autoridades municipales no han sido capaces de hacer una verdadera reforma, digamos que la gestión anterior hizo un plan y lo empezó a llevar a acabo pese a las mil y un trabas que se puso y, lamentablemente, la gestión amarilla actual no lo continuó.

Y es que es difícil ir en contra de las mafias del transporte público. Nuestra ciudad ha vivido tantos años en el desorden que a la gente se le hace difícil adoptar nuevas formas de convivir. Pero es lo que se tiene que comer el alcalde que ahora nos represente. Es su mayor reto, pero si lo logra, será su mejor satisfacción.

Deja un comentario