De Salamanca a Magdalena en bici

El domingo pasado adquirí momentáneamente una “bicicleta nueva”, en realidad se la compré a una amiga que ya no la usaba. Y digo que será mi compañera momentánea, pues está a la venta y seguro pronto se irá con un nuevo dueño.

Mi amiga vive en Salamanca, fui hasta su casa en bus. 1 hora y 30 minutos desde Magdalena, increíble pues un domingo no esperaba tanto tráfico, quizás haya sido que coincidió con la celebración del día del niño.

Decidí regresar pedaleando porque la verdad no quería gastar en un taxi, además que quería medir si me había quedado alguna secuela (miedos) después de mi último accidente en bicicleta. Miedos casi ninguno, aunque he de decir que fui mil veces más prudente de lo que suelo ser, la pedaleada no fue tan fluida pues me paré muchas veces esperando a que los autos pasen o que estén totalmente detenido para yo poder pasar.

Fue la primera vez que pedaleé después de 4 meses, bastante tiempo para alguien que solía pedalear a todos lados desde el 2014… Las piernas lo sintieron, pero agradecieron. 😛

Felizmente ya era de noche cuando volví, no había tantos carros como lo usual ni mucha gente por lo que pude subirme a la vereda en algunas oportunidades en los que mi seguridad se encontraba vulnerada.

Hay cierto misticismo –o romanticismo si se quiere- en el pedalear de noche. Las calles vacías, el silencio casi intacto, escuchar el sonido de la cadena y las llantas sobre el asfalto, la luz de la bicicleta que te guía el camino… La libertad.

Algo que uno se da cuenta cuando va en bici es la falta de civismo que hay en la ciudad y la falta de infraestructura, como que faltan muchas rampas (no para bicis, sino también pensando en las personas con discapacidad o los coches de bebés), pistas y veredas en muy mal estado. Pasando por el distrito de San Borja uno se topa con mensajes como el de la foto, donde intentan darle un lugar a la bici y aun así sigue siendo insuficiente para integrar la bicicleta dentro del tránsito. Qué bonito es usar todo el carril en horas de la noche donde no hay mucho carro, ¿pero se imaginan esa misma ruta en hora punta? Probablemente nadie respetaría la señal. Sin embargo se aplaude el esfuerzo del distrito, ojalá más distritos lo copiaran.

Hice todo el recorrido en 1 hora; 30 minutos menos que en el bus… Creo que a estas alturas ya no caben dudas de que la bicicleta puede ser más eficiente en nuestro pésimo sistema de movilidad. Menos tiempo, menos estrés y sin gastar un centavo, tan sólo usando mi propia fuerza, que dicho sea de paso no fue mucha pues de camino a casa todo es bajada, así que prácticamente la bicicleta hizo todo el trabajo, yo sólo me dejé llevar. 😉

Creo que esa es otra de las cosas que indirectamente te enseña el pedalear, que a veces está bien dejar de querer controlar todo, que también somos libres para dejar de sobreexigirnos por llegar a algún lugar o alcanzar algo, que dado el momento sólo hay que dejarse llevar por el camino, confiar y fluir con él mientras disfrutas del viento en la cara y prestas atención al paisaje (no literal, porque siempre hay que estar atento sobre la bici, no quiero un nuevo accidente pues dicen que a la tercera va la vencida, jaja).

Hablando de eso último, después de mi último accidente muchas personas me dijeron que ya no tenga otra bici, que no pedalee más… Pero es una promesa que no puedo cumplir, quizás no muchas personas lo entiendan, quizás sólo un ciclista pueda entender, y es que no es una cuestión de capricho o de moda o que quiero ser mainstream o quiera dármela de hípster; es más allá de un gusto, es casi un estilo de vida, es una parte de mi ser. Yo encontré la felicidad sobre dos ruedas y quién quiere restarse felicidad, ¿no?

En lugar de decirle a alguien que no use más la bici, únete y ayúdanos a convertir esta ciudad en un lugar apto para las personas. La solución no es dejar de usar la bicicleta para transportarse, al contrario, mientras más seamos, más seguras serán las calles.

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